Mientras hay vida

Nada hay más triste que pensar que ya no queda tiempo.
Que apenas quedan  amaneceres ni mediodías para soñar despierto.
No hay rendición que merezca ni diez minutos de tu vida
 porque cada momento es un proyecto de pasado,
un hasta luego presente, un ya pasó y eso,
eso necesita de un recuerdo.
No hay nada más triste que sentir que mañana no tendrá contenido.
Que no quedan horas para perderse en sus minutos.
No hay tratado de paz que acuerde la pereza de vivir tu existencia
y es que cada segundo que te queda ¡Ay amigo mío!
cada segundo es una bienvenida,
un hola cómo estás, una mano tendida y eso,
eso requiere que te pongas las pilas, te dejes ya de angustia, de quejas y
retomes tu vida.
                           Tu proyecto, tu tiempo.

Tres niños por el mundo

Nacieron tres coronas sobre la sal de la arena. El agua bañó sus puntas de gemas verdiazules y las doró el sol.
La ilusión paseaba descalza dibujando sueños y en sus huellas la fantasía los recogía.
Por el borde del atardecer de escarcha y frío se colaron tres niños. Iban agarrados a la esperanza con mucha fuerza, ella intentaba soltarse, ellos no la dejaban. En un descuido lo consiguió un segundo, tan solo un segundo y en un dos tres colocó las coronas sobre sus cabezas.
No se convirtieron en reyes pero cuando llegó la noche durmieron sin pesadillas porque se sabían a salvo, contaban con la ilusión, la fantasía y la esperanza para sobrevivir en aquel lugar llamado MUNDO.
En la arena el mar dejó un rastro de sal al amanecer, brillaba una pregunta entre las caracolas y en la profundidad de su cuerpo rizado resonaba ¿dónde los hombres, cuándo?
Yo leí la sal, escuché a la caracola y me pregunté ¿están a salvo los niños?
         

La posibilidad de la escalera

Ya nadie sube o baja por la escalera blanca de la casa vieja. Ya nadie sueña en sus escalones. Nadie se sienta en su suelo frío. No se leen cartas en sus descansillos ni hay gato que ronronee bajo un rayo de sol que se cuele por el ventanillo. Pero me niego a creer que no existe la esperanza, la certeza del triunfo de la verdad sobre la mentira absurda de los que moran allá arriba. Me niego a desterrar la honradez, la dignidad o la justicia de los que esperan ascender sin ascensor. Es imposible que no pueda volver a descender por la escalera de la vida la posibilidad de perder o de ganar, de saber que te puedes caer y acabar en el escalón más bajo. No me digáis que no es preferible intentar subir de nuevo a estar eternamente en lo alto donde ni el rayo de sol llegará nunca porque siempre habrá una nube que le impida dar luz al tipo que  habita en su oscura y triste mentira. No me digáis que no es necesario perder alguna vez, saber perder, perder.

Adivinanza 1


En un mar de plata pasea una barca,
tras ella,
doscientos delfines comiendo la siguen.
En el horizonte un velero rojo se aleja,
de ella,
muy poquito a poco.
En la arena negra se extiende, se estira,
sobre ella,
la vieja sirena cubierta de niebla.
Y ella, tan bella, se cubre de arena, se viste de niebla, se sube al velero siguiendo al delfín hasta que este cuento termine por fin.
¿Y ella quién es?
 Adivínalo.

SOLUCIÓN
Y ella, que no era la ola o la luna.
El mundo o el sol.
El día o la noche.
La aurora... Pues no.
Y ella, que no era cielo ni era anochecer.
Ni playa u orilla, ni el amanecer.
Y no, no la brisa ¿mi hija? Pues no.
Y no es la vida, no el atardecer, ni otra vez la aurora.
                                                            Aunque pudo ser.
Y no fue la lluvia que mojó el velero sobre el medio día.
Delfines saltaban, ya niebla no había.
Las olas bañaban la arena donde ella dormía y,
   oculta en la tarde, desaparecía.
                        ¿Quién?
      La mañana.

La mano no quiere

A la mano le duele el golpe.
Al golpe le pesa el palo.
El palo se siente duro.
Duro es lo que te pasa.
Pasa de ello.
Ello te ata o te salva.
Salva tu vida.
Vida regala, vida que amas.
Amas igual hoy que mañana.
Mañana es otro.
Otro que sufre pero no mata.
         No mata, no ata, no.

Entre dos puertas

Entre dos puertas cabe mi mundo, mas tengo cuatro.
Entre las cuatro todos mis sueños y una escalera para alcanzarlos.
Por tres ventanas entra la calle, mas tengo siete.
Por esas siete recorro el mundo y por la reja, y solo hay una, trepo a la luna.
Tengo una casa llena de amor donde descanso y duermo segura.
Mas ya no tengo, me tengo yo.
Por cuatro puertas, siete ventanas, con una reja y solo una casa, mi vida pasa.
                                Mi vida ¿una?

                             

Palabra necesaria

En la terraza de tu mirada una palabra cuelga cansada y mustia.
La agita el aire de la mañana, fresco, azulado, límpido.
Revolotea, se riza y alza, mira hacia dentro en la laguna de tu ojo.
Reflejada en él se siente vieja, maltratada, ajada y quiere lanzarse al vacío de ese día que amanece joven.
Guiñas un ojo, aletea el párpado, y la palabra desciende, ya pluma blanca, a la comisura de tus labios, rojos, para pronunciarse renacida y gritarse. ¡Basta!